SOBREVIVIR A LA TEMPORADA BAJA (SIN REGALARSE)


 Mar del Plata, 

provincia de Buenos Aires, 

finales de febrero de 2026.


Va aflojando el calorcito. Oscurece más temprano y el otoño se anuncia aunque tímidamente en las hojas de los árboles.

Las colas en restaurantes, museos y teatros no son tan largas  como hace un par de semanas. Las avenidas y playas atestadas son ahora transitables, de fácil acceso.

Pasó el ajetreo del recambio. Todo vuelve a la normalidad.

¿Hora de ajustarse el cinto hasta el próximo verano?

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Aceptar los desafíos del turismo estacional


En un país tan vasto como la Argentina, que a lo largo del año experimenta climas muy diversos en sus extremos, centro y litoral, cada lugar tiene su estación fuerte. Ese momento en que parece llamar a gritos a los visitantes.


La Patagonia cordillerana en invierno, cuando turistas de todo el mundo arriban para esquiar en sus montañas cubiertas de bosques salidos de Narnia. O pasear por la orilla de sus lagos y ríos, también habitados por criaturas fantásticas. Y, por supuesto, comer hasta reventar chocolate artesanal.


En las provincias del Norte, las temperaturas templadas invitan a recorrer sus quebradas y subir sus cerros, sobre todo a partir de Semana Santa.


La Costa Atlántica y las Sierras de Córdoba son la elección de muchos argentinos (y extranjeros) para veranear, y no me sigo explayando porque este artículo va a parecer una guía de viajes.


Lo cierto es que todos esos destinos también pueden ser una opción seductora “fuera de estación”.





 Segmentación: afinar la puntería


Uno de los errores más frecuentes que cometen muchos negocios de viajes al publicitar sus productos o servicios es lanzar un mensaje genérico sin tener en cuenta las características básicas de su público objetivo, ni el canal de comunicación que están utilizando.


No es lo mismo crear un reel de Tik-Tok dirigido a jóvenes adultos que suelen viajar en grandes grupos y hospedarse en casas que uno de Instagram para vender el mismo destino a familias tipo, parejas sin hijos o viajeros de la tercera edad.


Tomarse un tiempo para investigar los gustos y preferencias de diferentes perfiles de turistas marca la diferencia entre una pésima temporada y una estupenda.



  


Conectar con historias


La temporada baja pone a prueba la creatividad. Y una herramienta muy potente del marketing turístico es el storytelling, literalmente contar historias.


¿Por qué? Porque estudios realizados a lo largo de muchas décadas han demostrado que tomamos la mayoría de nuestras decisiones de compra por impulso emocional. Es decir, por lo que el mensaje produce en nosotros, más que por las ventajas económicas que ofrece.


En otras palabras, mejor que vender paquetes de viajes es prometer aventuras. Convertir el producto turístico en una experiencia de vida para recordar y contar.

 

Apuntar a los sentidos y a las emociones que estos nos despiertan es más efectivo que cualquier cupón, descuento, 2x1, etc.





Público objetivo claro


El turista de temporada baja quiere vivir algo especial. Está más interesado en la cultura local y el trato interpersonal que en las atracciones promocionadas por los anunciantes. Y esas motivaciones presentan oportunidades comerciales para emprendimientos gastronómicos, hospedajes, negocios de otros rubros y hasta influencers de la zona.


Estos son algunos de los perfiles viajeros a los que podés dirigirte si trabajás en turismo o una actividad relacionada en temporada baja:


Viajeros seniors: buscan tranquilidad lejos de la multitud. Huyen de restaurantes, playas o museos atestados que les generan más estrés del que alivian.


Nómadas digitales: son amantes de las escapadas y suelen buscar servicios relacionados con el bienestar personal como piscina, gimnasio o spa. Además, por tratarse de gente que trabaja en remoto y muy a menudo son freelancers, sus estancias tienden a ser largas.


Turistas gastronómicos: llegan deseando degustar nuevos sabores y maridajes peculiares. Algunos promocionan emprendimientos en redes sociales.





Sin miedo a nada


Innovar es adaptarnos. No solo por sobrevivir. También para explorar nuestra forma de pensar el trabajo. Poner a prueba nuestra intuición emprendedora. Algunas ideas funcionarán, otras no y del error se aprende. 


La temporada baja es un momento ideal para reinventarse.


No la desaprovechemos.


Guillermo Fernández, redactor publicitario y guionista.






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